Miembros del Cuerpo

Por: Martín Rivero

Todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

                                                                                                                 Efesios 4:16

A esta altura de nuestras vidas ya no tenemos la menor duda de que nuestro Dios, quiere bendecirnos; y bendecirnos, y más bendecirnos, en gran manera, a cada uno de nosotros, llegando a entender, comprender y creer que el corazón de Dios esta lleno de buenos pensamientos, obras e ideas, que el tiene preparadas desde antes que fuéramos engendrados, creados, formados en los vientres de nuestras madres, es tal el deseo de Dios de bendecirnos, que nos ha prometido que a través de esas bendiciones vamos a bendecir a muchas otras personas.

Por lo tanto, en primer lugar reconozcamos que es una gran bendición para el cuerpo de Cristo que conformamos, para la Iglesia Cristiana, congregación a la cual pertenecemos, el poder estar hoy reunidos bajo la unción y dirección del maravilloso y autosuficiente Espíritu Santo,buscando la forma, la manera de compartir las abundantes bendiciones con nuestros hermanos y el universo que nos rodea. Gracias sean dadas a Dios por cada uno de nosotros y las buenas nuevas que nos ha confiado, gracias sean dadas a Dios por la salvación y la diversidad de dones, que nos ha regalado, gracias sean dadas a Dios por las diferentes capacidades, talentos y características personales, de cada uno de nosotros, formando esto último una maravillosa y divina diversidad, una compleja y necesaria multiplicidad, que hace lo distinto, lo diferente, que nos hace ser tan únicos e irrepetibles, tan creados a la voluntad de Dios.

Es justamente cuando nosotros estamos en las manos de Dios creador, buscando acerca de sus propósitos, buscando acerca de su voluntad en nuestras vidas y de su obra, esa divina diversidad se transforma en una riqueza inigualable para el cuerpo de Cristo, en una unidad, en una identidad, en una esencia con Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios Espíritu Santo, que trasciende, que va más allá de nuestra propia vida, de nuestras propias necesidades.

El estar en armonía, en unidad con nuestro Dios, con su pueblo, con su Iglesia, no obedece a un pensamiento de generosidad humana, ni pertenece a alguna organización caritativa filantrópica con muchos buenos deseos de hermandad o unidad, ni tampoco es de propiedad exclusiva de alguna congregación en particular, más bien, es este un pensamiento divino, que tanto se puede ver claramente en el Antiguo como el Nuevo Testamento, pero, sin lugar a dudas las palabras que más recordamos son aquellas que Jesús empleara en la oración intercesora, donde parte de su contenido nos expresa: Padre, no oro solamente por estos hombres que estaban en el mundo, pero que tú me los diste, por cuanto ahora son míos, son mi gloria. Padre, oro también por las personas que en el futuro han de creer en mí, por el testimonio de ellos, te ruego que en ese futuro se mantengan siempre en unida como tú y yo, Padre, la mantenemos. Para que, de la misma forma que tú estás en mí y yo en ti, ellos estén en nosotros. Yo les he dado la gloria que me diste, la gloria de ser uno, como nosotros lo somos

Si comprendemos, si aplicamos este pensamiento divino, este deseo de Dios, a ser uno con él, debemos de entender que ninguno de sus discípulos o sus apóstoles eran iguales, que ellos aran diferentes en carácter, en entendimiento, pero a pesar de ello Jesús los llama a ser uno con él y con el Padre , esto nos trae al corazón y a la mente de que podemos ser diferentes, de que podemos ser distintos, de que podemos ser divergentes, que podemos tener diferentes características o capacidades, pero, todos somos llamados a ser uno, y en esa unidad ser uno con Jesús y Dios el Padre.

Usemos el ejemplo o la analogía del cuerpo empleada por el apóstol Pablo con la iglesia en Corinto; como bien lo podemos apreciar en nuestro propio y maravilloso cuerpo, bien lo vemos y sabemos que el es uno, pero que a su vez esta compuesto por varios y diferentes miembros, con capacidades totalmente divergentes entre sí; Dios, en su infinita sabiduría, nos hizo así, y creo que todos estamos agradecidos a Dios por cada uno de los miembros que el nos ha dotado. La analogía, la similitud, la relación empleada por el apóstol Pablo en cuanto al cuerpo humano y sus diferentes miembros, con sus diferentes capacidades, y, el cuerpo de Cristo, la iglesia, con los diferentes dones, talentos y ministerios, nos hace ver el concepto de un universo o un mundo donde las diversidades, las diferentes manifestaciones, dones y talentos son sumamente necesarios y a la vez están en función de una unidad que aspira o tiene el fin de dar lo mejor para el buen funcionamiento del cuerpo. Así como el cuerpo tiene necesidad de sus pies, manos, ojos, boca, cabeza, etc, el cuerpo de Cristo tiene necesidad de todos y cada uno de los dones, talentos y ministerios otorgados por Dios para que este sea saludable.

Si nosotros queremos estar realmente capacitados para realizar, para llevar a cabo, la loable tarea de la iglesia de Cristo, en medio de este mundo, debemos de aspirar a ser una iglesia, un cuerpo, floreciente, desarrollado y maduro espiritualmente, hasta el punto de estar llenos, henchidos, de Cristo.

Cuando Cristo, cuando su Espíritu lo llena todo, entonces sí nos fusionamos, nos unificamos, nos combinamos para servir, para actuar, para movernos, para maniobrar, como un cuerpo, en esta situación todos los dones, talentos y ministerios comienzan a armonizar y ayudarse mutuamente con el propósito de que todo el cuerpo esté saludable, creciendo en amor, bajo la dirección de su cabeza, Cristo, con el fin de aplicar la verdad de Dios a nuestras vidas, pudiendo llevar adelante los planes y los propósitos de Dios en cada uno de nosotros, en el propio cuerpo y la comunidad a la cual pertenecemos.

Seria maravilloso, una tremenda bendición de Dios que  podamos captar la voluntad de Dios, para con cada uno de nosotros, para con su cuerpo, su iglesia, y el mundo, es un hecho que todas las cosas tienen un comienzo y un buen comienzo sería que cada uno disfrute de inspiración y presencia divina, disfrute del compañerismo, disfrute de amor fraterno, estoy seguro, no tengo ni la menor duda, de que suceder así, vamos a salir por los diferentes caminos, de nuestra ciudad, de nuestra nación  animados, ungidos, mucho más allá de lo que podamos pedir, mucho más allá de nuestros mejores deseos, mucho más allá de las esperanzas que podamos anhelar, mucho más allá de lo que quisiéramos recibir, es mi oración, mi ruego, que cada uno reciba una visión fresca, de la loable y maravillosa tarea a realizar dentro del maravilloso cuerpo que formamos la Iglesia Cristiana, para bien de los unos hacia a los otros, que como miembros no tengamos un mayor concepto de si mismo del que debamos de tener, estando dispuesto a dar lo mejor de cada uno para el bienestar del cuerpo, sirviendo con amor, fe y esperanza.

UNIDOS EN Y A CRISTO, EN SU CUERPO, 

Y EN SU MINISTERIO.


Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros,, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son uno, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.       

                                          Corintios 12:12-13

Creo que a esta altura ya no podemos tener dudas de que formamos parte de un cuerpo espiritual, con diferentes dones talentos, ministerios, pero, a pesar de las diferencias que puedan existir entre los diferentes dones y las diferentes características personales, la realidad espiritual y bíblica nos enseña que nos necesitamos mutuamente, que tenemos que ayudarnos, que tenemos que animarnos los unos a los otros, todos estamos al servicio del cuerpo para que este se desarrolle al máximo y pueda realizar aquello para la cual Dios lo ha establecido.

Cada uno de nosotros ha sido llamado a servir a Dios, pero, siempre debemos de considerar que ese llamamiento es hecho a libertad, pero no una libertad que pueda conducirnos para hacer lo incorrecto, lo malo, lo egoísta, lo personal, por lo contrario, la libertad en Cristo, es el poder amar y servir al otro, ya que la ley se cumple en amar al prójimo como a nosotros mismos , por lo tanto, se hace más que necesario como miembros del cuerpo de Cristo conservarnos, mantenernos en una relación interpersonal pura, sincera, fuertemente desarrollada a través del amor de Dios, para poder servirnos por amor los unos a los otros.

Como bien sabemos, cada miembro del cuerpo, para desarrollar su función debe por lo menos guardar ciertas condiciones, ciertos requisitos, cierta unanimidad; debe de estar unido al cuerpo, debe estar alimentado, debe de estar comunicado con la cabeza y el cuerpo, sin lugar a dudas, estas características no sólo nos dan sentido de identidad y permanencia en el cuerpo, sino también de asociación, y, cooperación.

Observando estos detalles no nos queda otra alternativa de vivir en el cuerpo, de vivir en Cristo, para que a su vez Cristo viva en nosotros, ya que separados de él nada podremos hacer, aparte de secarnos, morir o arder en el fuego eterno, Jesús lo expresa de manera clara cuando nos dice que el es la vid verdadera y que su Padre es el labrador, por lo tanto, cuando alguien se separa o es cortado de esa vid, no se puede hacer nada fuera de la vid, fuera de Cristo, nadie puede tener una fructificación espiritual, los riesgos de que el miembro, el pámpano, el creyente, termine por secarse, con grandes posibilidades de arder con aquellas otras que han sido separadas de la vid, son realmente bíblicas ya que Dios es amor y también es fuego consumidor.

El sentido de permanencia en la vid, en el cuerpo de Cristo, en su iglesia, lo que definitivamente es permanecer en Cristo mismo, por un lado, está sumamente arraigado, identificado, con la fructificación del pámpano, con la labor, con la a acción, con el servicio o producción propia del miembro, estimulando así el desarrollo natural de la actividad propia de cada don, talento y ministerio. Este sentido de permanencia en Cristo, sin lugar a dudas, nos conducirá a la gozosa realización de un servicio natural y fructífero, pero, los requisitos de Jesucristo a pesar de estar presentados en las escrituras con palabras muy sencillas, comprensibles para todos, a la gran mayoría de los miembros, (para mí lo es) les representa todos los días un desafío de fe, un desafío a ser como Cristo, este desafío diario está en vivir el amor de Dios, mientras que el desafío de vivir el amor de Dios, nos enfrenta de manera automática al desafío de guardar sus palabras y mandamientos, estos desafíos no lo podemos separar el uno del otro, ya que la verdad bíblica nos enseña, nos trae a la luz del conocimiento, que es imposible llegar a realizar uno sin cumplir con el otro, es imposible amar a Dios, sino guardamos sus mandamientos,por lo tanto, para enfrentar el desafío de vivir el amor de Dios , guardando sus palabras y mandamientos, nos deja ante una realidad sin vueltas, sin dobles interpretaciones, sin discursos, sin demagogias espirituales, nos deja frente a: amarás a tu prójimo como a ti mismo, debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, ya que toda la Ley se cumple en este mandamiento.

Dios nos dice: "Si alguno dice: yo amo a Dios y aborrece a su hermano, es mentiroso", lo que nos deja ante la dura, pero a su vez divina realidad, que nos advierte desde el cielo, que los mentirosos no entrarán al Reino de Dios, en primer lugar, porque los mentirosos son hijos del Diablo, quien es padre de la mentira, en segundo lugar porque Dios ha dicho que los mentirosos no entrarán al Reino de los cielos y en tercer lugar porque Dios no miente y es Padre de la verdad, en ocasiones sentimos, entendemos o nos damos cuenta que la palabra de Dios es fuerte, y se nos escapan palabras o pensamientos muy semejantes a los que tuvieron los discípulos, que le comunicaron o expresaron a Jesús la dureza de sus palabras, ante esto algunos directamente pegaron la vuelta, mientras que otros, siguieron a Jesús, porque reconocieron que sólo Jesús tenía palabras de vida eterna, pero, recuerden, guarden esto en sus corazones, atesórenlo, por más imposible que se nos parezca cumplir las demandas del Reino de Dios, siempre recordemos que: lo que es imposible para el hombre, para Dios es posible

Pero, sin lugar a dudas, para poder enfrentar estos desafíos y lograrlos se hace impostergable el estar en unidad con Jesús, como el lo está con el Padre, para que su Espíritu, su sentir y su amor lo llene todo,en cada uno de nosotros. Para que esto suceda debemos de comunicarle a Dios por medio de la oración y decirle nuestra verdad, nuestra realidad, que tenemos ciertas, pocas o muchas dificultades o que nos sentimos débiles, quizás, porqué no, por momentos nos sentimos incapaces de llegar a esa estatura espiritual o estado del alma que el quiere que lleguemos, y luego esforzarnos tratando de corregir todo lo que podamos de nuestras vidas de acuerdo a estos principio bíblicos, recordemos siempre que el amor Dios se perfecciona en nuestras debilidades, y que el único fuerte es Dios, que Dios obra en la sinceridad del corazón y no en la elocuencia de los labios, ya que nos advierte que se le puede honrar con los labios pero el corazón se puede estar lejos de él.

Una vez que tenemos el sentido de permanencia y de identidad con el cuerpo, una vez que hemos comenzado a trabajar para el cuerpo, se hace imprescindible la comunicación y la sujeción ya que debemos de comunicarnos, sujetándonos o aún soportándonos los unos a los otros, pero, se hace más que necesaria la comunicación y la sujeción con la cabeza del cuerpo, que es Cristo, ya que el es el gran Rey, que sabe lo que quiere para cada miembro, para su iglesia, con el propósito de llevar adelante su obra redentora a lo largo y ancho de este mundo, como dijera Gregorio Waddell

" Jesucristo tiene la manija de su iglesia a través de la historia y del mundo"

A las directivas de la cabeza, Cristo, no hay ningún don, talento, ministerio o experiencia por más grande o exitosa que esta sea, que pueda ir contra ellas, por lo tanto las directivas generales para el cuerpo ya están contenidas en las sagradas escrituras, el apóstol Pablo nos enseña que si él mismo viniere y predicase otro evangelio distinto, él fuera considerado un anatema, un maldito. Algunas de esas directivas son de pleno manejo diario, ordinario, común en la vida del cuerpo, pero, todas ellas están basadas en el amor, porque Dios es amor, por amor entregó Jesús su vida, por amor nos redimió con su sangre para Dios, por amor somos hijos de Dios, por amor debemos de servir a Dios y al prójimo.

Ahora bien, en el cuerpo humano, como sabemos hay distintos miembros, órganos, sistemas, aparatos, con mecanismos y especificaciones distintas, pero, entre ellos vemos una maravillosa y compleja comunicación, asociación y cooperación, que hacen que el cuerpo funcione como tal, si por algún motivo o razón algo dejara de funcionar el cuerpo podría colapsar, el cuerpo podría menguar capacidades o sentidos, el cuerpo podría atrofiarse y en el peor de los casos hasta morir. Como sabemos, la iglesia, cuerpo de Cristo tiene la victoria asegurada a través de los tiempos, no hay fuerza, gobierno o poder, creado o por crear que pueda con ella, por lo tanto, la única muerte que puede experimentar la Iglesia de Cristo es aquella que su propio Señor reclama de cada uno de sus hijos, la muerte al pecado, a lo terrenal, al ego, etc, para que la vida se manifieste en nosotros.

No podemos omitir o evadir la realidad de que la iglesias sufren las consecuencias de cada una de las rebeliones o desobediencias al Señor, lo sufren cuando el o los miembros se revelan, lo sufren cuando el cuerpo se revela o ignora las directivas de la cabeza, lo sufren cuando las iglesias, o los siervos encargados ignoran la palabra de Dios, la justicia de Dios nos hace a todos iguales ante él, si él hiciera diferencias su justicia no sería justa., esto, sin lugar a dudas, está directamente relacionado al carácter de Dios, esto se debe a la santidad propia de Dios, a su amor hacia nosotros, y a su justicia. Las escrituras son ricas en cuanto a testimonios referentes a este tema, Adán y Eva no obedecieron y sabemos la consecuencias que perduran a hasta hoy,el pueblo de Dios en su peregrinación rumbo a la tierra prometida experimentó en varias ocasiones, la disciplina de Dios, a muchos les costo la vida, que decir de Coré, Sansón, Saúl, David, etc, no en vano, somos advertidos, que Dios no puede ser burlado, y que tarde o temprano la justicia de Dios nos alcanzará, es bueno saber que Dios nos advierte de las consecuencias, no con el deseo de castigarnos, sino todo lo contrario, el no quiere que nadie se pierda y para eso tenemos un abogado para con Dios Padre, Jesucristo el justo, el cual es la propiciación por nuestros pecados.

No hay ninguna clase de duda cuando afirmamos que el cuerpo debe de estar unido entre si, en el mayor de los sentido de asociación y cooperación entre sus miembros en general y particular, sino que también debe de oír las directivas de su cabeza Cristo y estar en total sintonía con él, para bien del cuerpo, para bien del mundo, ya que un testimonio de amor y unidad es un testimonio poderoso al cual Jesús apela y reclama de cada uno de sus redimidos, pero también quiere un cuerpo obediente y sujeto a él.

Ministerio de vida Sembrador de Fe 
Creado con Webnode
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar