cielos abiertos, cielos cerrados 1

Por: Martin Rivero

Y quebrantaré la soberbia de vuestro orgullo, y haré vuestro cielo como hierro, y vuestra tierra como bronce.

                                                                                                                                Levíticos 26: 9 


La soberbia es pecado ante los ojos de Dios y como todo pecado no confeso, no declarado, no arrepentido terminará por cerrar los cielos, separar al hombre de Dios, dando como pago la muerte, sin embargo, así como la desobediencia fue el primer pecado del hombre, la soberbia fue la que motivó la insurrección, el levantamiento, la rebelión de los ángeles en los cielos comandados por satanás, la palabra de Dios nos tramite los sucesos que se remontan al origen mismo de una gran batalla celestial, Lucero querubín, grande, protector, puesto en el santo monte por Dios, en medio de la gloria de Dios estaba, era perfecto en todos sus caminos desde el día en que fue creado, la soberbia, la altivez, el orgullo le llevó a pensar en su corazón que sería semejante al altísimo La soberbia, la altivez transformó un querubín en diablo, condenándole al tormento eterno en el lago de fuego y azufre por los siglos de los siglos.

La soberbia es la satisfacción, el envanecimiento, el engrandecimiento, el engreimiento de un ser por lo que tiene, por lo que es, por lo que hace, despertando la altivez y el apetito desordenado de ser preferido, predilecto, favorito sobre otros menospreciando a los demás, creyéndose insustituible, infalible, único en desmedida, no en vano antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu. Es interesante saber que el castigo de la soberbia es siete veces más que cualquier otro pecado, el cielo se vuelve como hierro y la tierra se vuelve como bronce, la persona que actúa con soberbia ultraja a Dios y la tal será cortada, morirá para que ese mal sea quitado de en medio de su pueblo

La soberbia cierra los cielos, el pueblo, el siervo, el hijo de Dios, debe de orar para ser preservado, orar para que la soberbia no gane ventaja alguna sobre su vida con el fin de ser limpio, libre de gran rebelión, en ocasiones existe la tentación de jactarse en pequeñas soberbias, total hay una sensación de que no pasa nada, pero toda jactancia es mala y puede ser el disparador que catapulte a un camino tremendamente duro y sin retorno.

Creo que todos podemos ver a diario la jactancia con distintas formas, particularidades, o usos, como por ejemplo el halago, la alabanza, el resaltar lo que hacemos, con aires presuntuosos, figurantes, creídos, repetidos en ocasiones con tintes de bravuconadas, de fanfarronadas, de autosuficiencia, en ocasiones en murmuraciones, en juicios, en descréditos hacia otros, otras ocasiones cuando hacemos planes, o nos ponemos propósitos, desafíos delante de nosotros, olvidándonos de alguien que está en control de nuestras vidas y que tiene un pan bien definido bien detallado para su iglesia, el creyente, el siervo, las escrituras declaran que el hombre dice: "Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala.

Cuando los cielos están cerrados o se están cerrando hay que tener un cambio rápido, reconociendo, confesando y arrepintiéndonos ante Dios, el corazón se ha llenado de soberbia, de altivez, de envanecimiento, la humillación, la vergüenza, el apocamiento, el encogimiento del alma ante Dios y el prójimo es lo opuesto por lo tanto esta acción abrirá los cielos como está escrito: Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. La humildad, la sujeción, el respeto al otro considerando, estimando a los demás como superiores a sí mismo, sirviéndonos por amor los unos a los otros traerá abundantes bendiciones, hacer justicia, amar misericordia y humillarse ante Dios abrirá y mantendrá los cielos abiertos

Ministerio de vida Sembrador de Fe 
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