Cielos Abiertos
Por: Martín Rivero
De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.
En este nuevo lenguaje que estamos aprendiendo tenemos que incorporar en nuestro diario vivir la expresión cielos abiertos como un primer paso y luego darle vida a través de nuestras propias vidas creyendo con todo nuestro corazón mente y alma que los cielos se han abierto para nosotros, donde quiera que nos encontremos, todo lugar que pise la planta de nuestros pies, toda bendición del cielo estará sobre nosotros y en nosotros, porque el favor, la gracia, el amor y el poder del cielo está pronto para manifestarse, toda bendición del cielo está ahí, en ese preciso instante, por el simple hecho de que Dios está en nosotros y nosotros estamos en Dios
Esta expresión cielos abiertos, en la más sencilla de sus interpretaciones nos está señalando que el cielo no está murado, no está amurallado, no está cercado, que podemos hacer patente, manifiesto, evidente lo que allí hay para nosotros, hay una comunicación abierta entre el cielo y la tierra, todo lo del cielo puede irrumpir en la tierra haciendo que sucedan cosas que no hemos visto, oído, ni siquiera han subido a nuestro corazón, pero, inversamente, contrariamente también existe la expresión "cielos cerrados", que nos trasmite la idea de un cielo imposibilitado, inhabilitado, obstaculizado, a la acción de acceder al mismo, como consecuencia de no hay entrada, no hay paso, no hay, no existe, un acceso al cielo, este se encuentra como amurallado, fortificado, infranqueable, no existiendo ni la más mínima puerta, ventana, paso, etc., etc.
Esta situación de cielos cerrados trasmite la idea real que no existe una comunicación entre el cielo y a tierra ; sin embargo, en la misericordia, en el deseo de Dios, siempre existe la posibilidad cierta de que los cielos se abran, quien tiene el poder de abrir y cerrar los cielo es Dios y la llave es Jesús el Hijo de Dios, cuando Dios abre nadie podrá cerrar, y cuando Dios cierra, nadie podrá abrir, salvo el que tiene la llave, Jesús.
Cielos abiertos, es más una concepción, un entendimiento, una comprensión, una realidad de vida espiritual basada, fundamentada, establecida y activada en el creyente por medio de la fe y la acción, guardando ciertas características:
1) Le creo a Dios. 2) Hago lo que creo. 3) Creo en lo que hago. 4) El cielo se abre.
a) LE CREO A DIOS.
Es un hecho que todas las cosas tienen un principio y el primer principio de los cielos abiertos es creerle a Dios, hemos recibido el Espíritu que proviene, que emana, que procede de Dios, para que sepamos, para que estemos al corriente, para que veamos con claridad lo que Dios nos ha concedido, nos ha otorgado, nos ha regalado en su gracia, en su favor para que nos posicionemos, nos coloquemos, en la brecha con actitud, con talante, con disposición de levantar los estandartes de victorias, los trofeos de los guerreros, la bandera de los cielos, porque en este tiempo la tierra no está limpia, ni se rocía con la lluvia del cielo, porque gran parte del cielo sobre nuestra nación se ha cerrado, pero es hora que los cielo se abran aquí, en nuestra tierra, en nuestra nación.
Hay maquinaciones, confabulaciones, entre los profetas, los siervos violan, quebrantan, transgreden la palabra, contaminan, impurifican, intoxican los santuarios, no hay fronteras, límites, términos claros entre lo santo y lo profano, entre lo limpio y lo inmundo algunos solo buscan ganancias, botines, lucro, hablan vanidades, enseñan presunciones, se envuelven de vanagloria, algunas de las doctrinas que dan como verdaderas son incapaces de resistir el mínimo análisis bíblico.
Es justamente en este tiempo, bajo estas situaciones casi extremas, que Dios busca creyentes dispuestos a abrir los cielos, creyentes dispuestos a hacer vallados, entre lo sano y lo profano, entre lo limpio y lo inmundo, creyentes dispuestos a ponerse en brecha, a abrir boquetes, en los cielos, creyentes que se pongan delante de Dios, en favor de esta tierra, para que los cielos se abran y la bendición de Dios llene nuestra nación.
Las escrituras nos testifican que cierto día buscó Dios entre los hombres quien hiciese vallado, y se pusiese en brecha delante de él, en favor de la tierra, para no destruirla y no lo halló, (Ezequiel 22:30) Pero hoy estamos aquí en este punto de la historia, delante de nuestro Dios, para que nuestra tierra sea limpia, y la lluvia del cielo caiga sin parar hasta que todo sea llenado por la gloria de Dios, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor. En repetidas ocasiones llenamos nuestro corazón con todo lo que Dios quiere y puede hacer, ha llegado la hora en que nuestro corazón, mente y alma se llene de la realidad de que Dios necesita instrumentos de gloria, necesita de hombres y mujeres para llevar adelante su plan y nosotros somos esos instrumentos, este es el tiempo propicio, aceptable, Dios está buscando hombres y mujeres que se pongan delante de él y quieran bendecir esta tierra en su nombre.
b. Debo de creer
a la palabra de Dios
Es incuestionable que nuestros caminos no son los caminos de Dios y nuestros pensamientos no son los pensamientos de Dios, como los pensamientos y los caminos de Dios se originan desde los cielos, siempre estarán más alto, pero así como la lluvia que desciende desde los cielos, riega la tierra y la hace germinar, así es la palabra de Dios que sale de su boca, jamás volverá a él vacía, la palabra será prosperada, hará todo aquello por la cual es enviada La palabra de Dios persiste, permanece, perdura para siempre, el cielo y la tierra pasará más su palabra no pasará, no dejará de ser, no quedará incumplida, si nosotros decidiéramos ser infieles, ingratos, desleales, él permanecerá fiel, ya que él no puede negarse a sí mismo nosotros, sus hijos, sus siervos, sus testigos, no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, Debemos de creer a Dios, debemos de creer lo que él ha dicho, lo que ha declarado en su palabra sobre los que creen, porque cada una de las promesas de Dios son para los que creen, ningún incrédulo, ningún dudoso, ningún cobarde, ninguno de doble animo podrá hacerse de una sola de las promesas de Dios porque estas son hoy, mañana y siempre para los que creen.

